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La tipografía de las misiones

Loreto es una tipografía diseñada por Eduardo Rodríguez Tunni y Pablo Cosgaya, quienes se inspiraron en la tipografía de un manual de sacramentos impreso en 1721 en las misiones guaraníes del noreste argentino, bajo el cuidado del padre Paulo Restivo. Se trata del primer impreso misionero de Argentina que registra el pueblo donde fue impreso: Loreto.
La primera etapa del trabajo se dedicó al análisis de la tipografía del Manuale: estructura, trazo, color, signos particulares. Se unificaron la alineación, el color tipográfico, las terminaciones y se definieron algunas características estructurales. Los signos se dibujaron a mano sobre papel vegetal a 200 puntos. Se comenzó con el dibujo de la variante redonda.
Luego se digitalizaron los dibujos y se copiaron los archivos vectoriales en el editor de fuentes. Se terminaron de ajustar aspectos estructurales y estilísticos, se definió el espacio de cada signo, el salto de color entre las variables de eje vertical. Loreto, desarrollada en formato OpenType, ofrece la variables medium, italic y bold.
Recibió Mención de Honor del Jurado en TipoQ, concurso tipográfico realizado en España en 2005 y Mención del Jurado de tpG en la categoría «tipografías para texto» en la Bienal Letras Latinas 2006. El sitio especializado Fontwerk seleccionó a Loreto como una de las 10 mejores fuentes de 2009.
Publicada por Tipo. Distribuida por FontShop y MyFonts.

Experiencia tipográfica


Quedan muy pocos restos físicos de la estampa de los Expósitos. El testimonio más importante que llega hasta nuestros días es el de sus impresos, preservados en diversos archivos públicos y privados.
Esta experiencia busca rescatar una pequeña parte del patrimonio del taller de los Expósitos: un conjunto de caracteres utilizados por el establecimiento más una serie de viñetas.
Un trabajo que puede verse como improcedente ante los ojos de tipógrafos y del mercado profesional de tipos digitales. Pero existe una diferencia fundamental entre este proyecto, y los desarrollados por los profesionales de la tipografía y las fundidoras digitales, y es que aquí no se persigue ningún fin comercial, y por lo tanto no debemos condicionarnos al mercado de tipos.
La reconstrucción de los tipos de la Imprenta de los Niños Expósitos está destinada puramente al ámbito cultural y educativo de la ciudad de Buenos Aires, y puede transferirse hacia el resto de nuestro país. Fue pensada como una herramienta para historiadores y educadores; un ejercicio que puede resultar interesante en el aula, o una forma novedosa de acercarse a la historia porteña. Una tipografía que puede reforzar el sentido de publicaciones, exposiciones, y/o presentaciones sobre temas afines con la historia de la gráfica y el periodismo nacionales.
Esta propuesta no pretende realizar un estudio clásico sobre tipografía, sino una reconstrucción histórica de un conjunto de signos tipográficos, que permitan recrear, con un mínimo de pericia en la edición electrónica de textos, un documento impreso en aquella época.
Los caracteres intentan reflejar las características de la letra impresa de entonces; la imperfección de su estampa, producto de una cantidad de variables relacionadas –y condicionadas– con cuestiones físico-químicas y de la producción. Un carácter dañado, desgastado o simplemente empastado; papeles de diferente acabado superficial, texturados, de diversa procedencia, y con diferentes grados de humedad; tintas densas y de preparación artesanal. Podemos sumar el clima húmedo de la región o simplemente el apuro de cumplir con el trabajo pautado en el único taller porteño, factores que hacen, a nuestro entender, más interesante la propuesta.
Para el caso de las viñetas y el material tipográfico, el caso es similar, pero el recorte realizado es diferente, pues tomamos todos los motivos encontrados en los impresos entre 1780 y 1824 de la Imprenta de Expósitos para generar un conjunto más amplio y diverso.
Para la reconstrucción de los alfabetos romanos antiguos se estableció una delimitación sobre los caracteres utilizados durante los primeros tiempos de la Imprenta de Expósitos, los correspondientes a la tipografía venida desde Córdoba, antes de la incorporación de la “letra nueva”, y la anexión de la imprenta inglesa con sus romanas modernas. Estos tipos estuvieron presentes en gran parte de la producción de taller, y en las diferentes clases de impresos: religiosos, educativos, oficiales, etc., y se utilizaron para las diferentes jerarquías de información –títulos, capitales, destacados, textos de lectura, etc.– a través de los diferentes grados.
Las romanas antiguas (letra vieja o española) reflejan claramente las características de un impreso de la primera tipografía en Buenos Aires, un producto “clásico”, pues era lo que podía verse 200 años antes en Europa y en las primeras ciudades americanas que tuvieron imprenta, y de acuerdo con los cánones de la composición tipográfica de los comienzos.

Fuentes documentales
Las fuentes utilizadas para realizar el trabajo fueron los impresos realizados por la tipografía de los Expósitos a lo largo de toda su existencia entre 1780 y 1824, concentrándome especialmente, desde los primeros tiempos hasta 1810, para la recreación de los caracteres.
Los fondos documentales utilizados fueron los de la Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, y los del Museo Histórico Brigadier General Cornelio Saavedra, entidades pertenecientes al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Además se consultaron documentos de la Biblioteca de Maestros, del Ministerio de Educación de la Nación, y facsímiles aparecidos en distintas publicaciones históricas.

Proceso de trabajo

Selección documental
El primer paso fue realizar una observación minuciosa y una selección de documentos que permitiera un mejor trabajo. Se buscaron las viñetas utilizadas, y separaron las piezas textuales que poseían mejor calidad o definición en su estampa, especialmente las compuestas en grados mayores, para tener mayor fidelidad en los trazos.
A continuación, se seleccionaron los documentos con viñetas y material tipográfico como filetes, bigotes, etc. Para los signos alfabéticos redondos se trabajó con un texto compuesto en peticano, uno de los primeros documentos impresos del establecimiento del año 1781. Para las itálicas, un documento del mismo año compuesto en parangona.
Posteriormente se hizo una búsqueda de los signos faltantes de modo de completar la caja española: letras, numerales, y los signos de puntuación de mayor uso en nuestro idioma. Esto permitió la reconstrucción de los tipos fundamentales (y mínimos) para permitir la escritura en español. Luego aparecerían otros caracteres que se incorporaron al conjunto, como los signos ligados,1 y algunos signos especiales.
En este punto cabe una aclaración importante. En el presente trabajo no se generaron caracteres que no se hayan encontrado en documentos producidos por la Imprenta de Niños Expósitos. Esto implica que la fuente2 digital obtenida será completada y actualizada en la medida que se sigan descubriendo nuevos signos.

Digitalización
Esta etapa del trabajo refiere a cómo una imagen, en este caso cada uno de estos signos impresos en el siglo XVIII, se convierte a código binario, un lenguaje comprensible para el ordenador. La captura se realizó a través de un escáner plano. Se realizaron múltiples escaneos, a folio completo, y sobre algunos detalles, utilizando alta definición (1.200 puntos por pulgada).

Retoque de imágenes
Una vez digitalizado el material, se realizó una nueva selección de caracteres y viñetas a partir de la comparación entre signos; es muy curioso ver cuán diferentes pueden ser dos letras a título iguales.
El objetivo inicial de esta etapa era encontrar un motivo “tipo” para cada signo gráfico, con un desarrollo completo de sus trazos, que permitiera, por una parte, la construcción de la unidad, y por otra, establecer un correlato visual entre similares, a fines de construir un conjunto sistemático (familia tipográfica).
Se hicieron correcciones sobre la superficie de los caracteres, se realizó el completamiento de algunas partes perdidas en la impresión, y se aisló el desarrollo del signo del fondo de papel, mediante la técnica de silueteado.
A partir del contorno de cada letra, miscelánea tipográfica o viñeta, se logró una imagen pluma (en blanco y negro, sin grises) de alta definición.
Este conjunto de operaciones se logra mediante la utilización de un software3 para la edición de imágenes de mapa de bits. El proceso involucra acciones manuales y automáticas.

Vectorización
Se llama así al pasaje de la información de mapa de bits a vectores. Para crear una imagen de tipo vectorial se utilizan curvas Bézier,4 definidas mediante puntos de anclaje o nodos, y manejadores para controlar manualmente las formas geométricas. Este formato permite el escalado de las figuras sin pérdida de calidad.
Esto es lo que se hace normalmente para la posterior creación de fuentes tipográficas, y puede hacerse de dos maneras: una manual, trazando una sucesión de líneas rectas y curvas sobre el contorno de la imagen del signo, utilizando un software para edición vectorial; o una automática, usando programas específicos llamados trazadores.
En este caso se utilizó un soft de trazado, que se configuró para respetar, en un alto grado, la figura original. Luego se realizó una corrección manual a cada signo en función de sus trazos y proporciones, y los del conjunto.

Edición tipográfica
Para que una tipografía pueda ser utilizada en la edición electrónica de textos debe ser compuesta en un programa específico.
Así se trabajaron los signos, operando sobre cada uno –y sobre el conjunto– en términos de escala, grosor, espaciado, interlínea, y relaciones internas, generando tres fuentes tipográficas: la redonda, la itálica, y la de viñetas y filetes.
El último paso es el empaquetado de las fuentes en distintos formatos electrónicos: PostScript y TrueType, para poder utilizarse en los entornos Mac y PC.

Testeo
Luego de generarse los formatos electrónicos, la tipografía se instaló en el ordenador, y se hicieron numerosas pruebas sobre diferentes textos a fines de realizar ajustes sobre los trazos, el gris tipográfico, y el espaciado.

Distribución
Los tres conjuntos de caracteres serán distribuidos a diversos organismos de cultura y educación dependientes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Además, pueden solicitarse libremente por correo electrónico a esta Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico.
En cualquier caso, de incluirse en publicaciones, deberá consignarse en un lugar visible, el siguiente texto: “Texto compuesto con tipografía Expósitos, © 2010 DGPeIH, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires”.

Futuros trabajos
Esta experiencia tipográfica no ha concluido. Seguramente se extenderá en el tiempo, porque a medida que se encuentren nuevos caracteres en documentos de la Imprenta, se irán incorporando a cada uno de los conjuntos creados, actualizándolos.
Además, podrán generarse nuevos alfabetos, a partir de los tipos anexados por el taller, o tipos especiales, como por ejemplo, la letra moderna incorporada a partir de la venida de la prensa montevideana, las letras capitales, los grabados, etcétera.


Texto extractado de Expósitos. La tipografía en Buenos Aires 1780-1824

Tipometría

Antes de que existieran los sistemas de puntos para medir el cuerpo tipográfico, y desde el comienzo mismo de la imprenta, los impresores europeos utilizaban nombres para referirse al tamaño de los caracteres.
Los términos no respetaban un criterio determinado, algunos respondían a la naturaleza de los impresos que componían, como el misal, breviario o canon, para referirse a los cuerpos utilizados tradicionalmente en este tipo de publicación religiosa. Así, atanasia y San Agustín responden al tamaño de letra utilizado en los primeros libros que trataron sobre San Atanasio y San Agustín. Texto y lectura, por ejemplo, designan a los cuerpos que se utilizaban para los textos principales de obras “para leer”. Los grados menores evocaban directamente el origen orfebre de los grabadores de punzones, como diamante y perla. Parisiena (por parisienne), nomparela (por non pareille) y miñona (de mignone), denotan la influencia francesa en el diseño tipográfico. Cícero remite a una publicación de Cicerón, impresa en Roma, en 1467.
En el año 1764, en su conocida obra Manuel typographique, el tipógrafo francés Pierre Simon Fournier propuso la unificación de los cuerpos tipográficos mediante un sistema de puntos basado en la pulgada francesa. Más tarde, su compatriota Firmín Didot desarrolló la idea de cara a unificar en Europa mediante un patrón único de medida basado en el pie de rey. El punto didot equivale a 0,376 mm., y doce de éstos, a un cícero. Gran Bretaña y Estados Unidos no tomaron este sistema, pero se basaron en él para desarrollar el propio. El punto en el sistema anglosajón –apoyado en la pulgada inglesa– es igual a 0,352 mm., y doce puntos forman una pica. Al ir implementándose los sistemas de puntos en la producción editorial, la antigua jerga fue dejándose a un lado en forma paulatina.

Fuente: Rómulo, Ignacio y Dimas García “La nomenclatura tradicional de los tamaños de las letras”, artículo disponible en http://www.unostiposduros.com